Thelma y Darthés: no hay que creerle a ninguno de los dos

 

Luego que la actriz Thelma Fardín contara que Juan Darthés la violó, el país entero asumió la culpabilidad del actor. Empezamos a hablar de a quién le creemos, transformamos la culpa o la inocencia en una cuestión de fe. Como si la verdad fuera una cuestión de votos, como si la justicia fuera parte de un consenso. Ni siquiera le dimos posibilidad de hablar: él ya era culpable simplemente porque nosotros así lo sentenciamos.

A la mayoría de las personas le parece bien, le gusta ver cómo Darthés se retuerce de dolor, pierde el trabajo, lo insultan sus compañeros; pero si avalamos estas prácticas estamos habilitando a la sociedad a tomar justicia por mano propia en un futuro. Estamos transformando a la justicia en una cuestión de consenso de mayorías, juez y fiscal a la misma vez. Cualquier persona podría pensar que su vecino le robó, y sólo le bastaría convencer a los demás inquilinos para entrar en su casa y expulsarlo. Sólo va a importar quién les hace creer a los demás si una persona es culpable o no.

Los argentinos tenemos que dejar de actuar desde la bronca y empezar a pensar, ser más razonables. Porque si uno va a esperar una muchedumbre enfurecida para tener justicia, no sólo vamos a penar a personas inocentes de vez en cuando, tampoco no estaríamos solucionando nada a futuro. Eso solo serviría para las víctimas que se hacen conocidas mediáticamente, y la mayoría de los delitos no van a salir en la televisión o en los diarios. Las mujeres necesitan herramientas efectivas para defenderse. Y, quieran o no, la única herramienta válida contra un delito es el derecho.

Pero no nos engañemos: a nadie le importa hablar de solucionar el problema. Es muy de esta época querer sentirse ofendido, como si mostrara una superioridad moral frente a los demás, y sólo nos interesa mostrar nuestra indignación frente a los demás. Una persona puede ser un inútil, incapaz de hacer nada productivo para la sociedad, pero se va a sentir útil y mejor persona por mostrarse ofendido e insultar al presunto criminal de turno desde su red social.

Si queremos cambiar algo, enfoquémonos en cambiar las bochornosas leyes que se aprobaron en los doce años del gobierno anterior. Cambiemos los jueces de mierda que hemos tenido luego de doce años de un Consejo de la Magistratura de mierda. Cambiemos los políticos de izquierda de nuestro país, que votan leyes que sólo aprovechan los delincuentes y luego se hacen los dolidos frente a las víctimas de los delitos.

Tenemos un sistema judicial lisiado, y nadie se quiere hacer cargo. Doce años de malos gobiernos nos dieron cárceles que terminan siendo una universidad para aprender a delinquir mejor. La mayoría de los presos de un penal no tienen sentencia firme. Tenemos procesos larguísimos que frustran al posible demandante antes de empezar el juicio. Los chicos que previamente entran unas 5 o 6 veces a la cárcel, antes de cometer un delito grave que los deje años encerrados en prisión. Pero, por sobre todo, tenemos una sociedad que avaló esas leyes o, por lo menos, avaló los dirigentes que las firmaron, y ahora se hace la desentendida.

La ley es el único medio factible para las víctimas, todo lo demás es mentira. Esa actitud del feminismo del “al macho, escracho”, que se ha puesto de moda en el último tiempo, es un comportamiento fascista, propio de las personas cobardes, porque la presunta víctimario no se puede defender de los agravios. Además que, en caso de que el hombre resulte inocente, luego de haberlo mandado al ostracismo, las feministas se hacen las desentendidas y no les importa haberle cagado la vida a un tipo inocente. Son una mierda. Tendríamos que tener leyes especiales para sancionar judicialmente para aquellas feministas que publicaron notas maliciosas para dañar a un hombre, sin ser verdad, y aprovecharon la sensibilidad de hoy en día para mentir y dañar a los demás.

Yo no le creo a Fardin por la misma razón que no le creo a Darthés: yo no soy juez, ni las personas son religiones para creer o no en ellas. Está mal creerle a las mujeres sólo por ser mujeres; eso es santificarlas, hacerlas pasar a todas las mujeres como santas e impolutas, cuando en realidad las mujeres pueden ser tan mentirosas o dañinas como los varones. Tenemos que ser firmes para crear leyes que protejan a las mujeres frente a cualquier tipo de abuso por parte de los hombres, no sólo la violación, pero también tenemos que dejar de idealizar a las mujeres y pensar también que hay mujeres que  pueden hacerle daño a un hombre solo por maldad. Las personas no nos dividimos entre hombres y mujeres, sólo nos separamos entre justos e injustos, buenos y malos.

Escrachar a un presunto delincuente, descargar nuestra bronca sobre un individuo que no sabemos si es culpable o no, es hacerle pagar a un tercero las mediocridades de nuestra sociedad. Nosotros, en su conjunto, somos culpables de los problemas de nuestro país. Nos ofendemos cuando un violador queda libre, pero fuimos nosotros quienes apoyamos a esos diputados que crearon esas leyes estúpidas. Somos progresistas en el poder legislativo, conservadores en el poder judicial: una sociedad esquizofrénica e hipócrita, empezando con los los dirigentes del anterior gobierno y miembros del partido de izquierda, que ahora se hacen pasar como si les importaran las víctimas.


Darthés merece un juicio justo. No está bien linchar a nadie. No está bien el escracho ni la persecución mediática. Muy seguramente Darthés sea culpable, pero eso no nos corresponde dirimir a nosotros. Él, y cualquier presunto delincuente, tiene las mismas garantías judiciales correspondiente a cualquier persona; es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Hostigar y asumir que “X” persona es culpable, hacer marchas y presionar para dejarlo sin trabajo, querer mandar al individuo al ostracismo y generarle sufrimiento de la forma que podamos, lo único que hace es transformarnos en una sociedad de mierda.

Los Derechos Humanos, precisamente, se crearon  para impedir que la turba desatada reciba la sangre que reclama. Las personas que la sociedad considera “inocentes” no necesitan tantas garantías judiciales. Los Derechos Humanos son para defender a personas que nadie defendería si no existieran, darles garantías mínimas a los “indefendibles”. Si no, estaríamos abusando de nuestro poder, al igual que un violador. Actitud coherente en nuestra época, pues queremos acabar con los violadores transformándonos en violadores de derechos ajenos.

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